Publicado: Jue Ago 13, 2009 12:08 amAsunto: Mi serie de ¿Catastróficas? desdichas
Capítulo 1: Perdida
Aquello era, como poco, un desierto.
Agudice el oído y entrecerré los ojos, pero no encontraba nada ni nadie a lo largo de toda aquella carretera, y el cacharro viejo que había alquilado para mi viaje, me había dejado tirada.
-¡Joder!
Llevaba repitiendo esa misma palabra, durante dos horas.
-¡Joder!
Suspiré y me pase repetidamente la mano a modo de abanico. Me asaba de calor. Lo lógico, estando en pleno verano, a plena tarde, en mitad de una carretera del sur.
Era horrible.
-¡debí alquilar otro! – murmuré para mis adentros, ¿seria síntoma de locura comenzar a hablar sola?
Lo atribuye al aburrimiento y el cansancio.
Volví la vista de nuevo hacia el coche viejo que permanecía mal aparcado a un lado del arcén, mientras veía con recelo el extraño humo que salía por el capo. Al principio intente arreglarlo, luego pensé en que pasaría alguien a ayudarme, hasta, que al final, abandone mis intentos y esperanzas. Estaba tirada, en mitad de una comarcal, sudando y hablando sola. Perfecto.
Me mordí la uña del dedo índice, como siempre cuando estaba preocupada, nerviosa, o como en este caso, irritada. ¿Qué podía hacer? Pocas opciones eran las que se abrían ante mí. La cobertura del móvil era inexistente, apenas tenia media botella de agua, la cual, lo más seguro, desaparecería en menos de una hora, y por lo visto, esa carretera no la pisaba nadie… dios, ¿Quién me mandaría meterme por aquel camino?
Al cabo de unos minutos de incesante atención hacia el único arbusto que atisbaba desde mi bordillo, llegue a la conclusión de que debía intentar buscar ayuda. Aunque eso acarrearía dejar aquel coche tirado en mitad de la carretera, y tirarme horas andando a pleno sol y sin agua. Pero no tenía más opciones.
-vamos Julia – me dí ánimos, los necesitaba.
Cogí aire a la par que fuerza y me levanté del sucio e incomodo bordillo. Después, cogí del coche lo que consideré necesario, no sabia cuanto tiempo iba a permanecer andando, así que decidí no llevar mucho peso. Con mi documentación, el dinero y la media botella de agua seria suficiente, ¿no?
Cuando termine de coger mis pocas pero acertadas pertenencias, cerré aquel maldito cacharro y colgándome bien el bolso hacia un lado, comencé la caminata. Al principio no fue un suplicio, admiraba el escaso paisaje y no era costoso andar bajo el calor agobiante del verano… pero a medida que el tiempo pasaba y el cansancio aparecía, todo se volvió horrible.
Una hora.
Dos horas.
Necesitaba agua, la botella ya estaba vacía.
Comida, una bolsa de cheetos.
Cheetos…
Mi estomago rugió ante la imagen, y yo seguí mi larga y calurosa caminata. Aquello era peor que un desierto y yo lo estaba viviendo en mis propias carnes.
Notaba la boca y la garganta resecas, el sudor provocó que mi corta melena se pegara al cuello y mi camiseta mostraba el intenso calor que tenia en esos instantes, ¿Cuántas horas llevaba andando? Había evitado mirar el reloj en un intento de hacer mi largo camino más llevadero. Pero no sabia ni cuanto había andado, ni el tiempo que me había llevado llegar a la nada.
Porque estaba en la nada. No había nada.
Nada.
Suspire exasperada, me estaba desesperando por completo. Necesitaba beber y en un segundo lugar, comer. Ya ni me acordaba de mi principal destino: buscar ayuda para el coche. Solo quería satisfacer mis necesidades físicas y sucumbir a la tentación de un grande, no, grandísimo helado de chocolate. Me lo había ganado. Y a pulso además.
Cerré los parpados completamente cansados del cansancio, y deslumbre la imagen de un cucurucho con dos grandes bolas de helado frente a mí. La boca se me hizo agua.
Y los ojos también.
-no llores – me recriminé, abriendo los ojos al instante y parpadeando varias veces.
Parecía que el aburrimiento era tal que pretendía distraerme, ¿conmigo misma? No, no iba a caer en esa locura.
Pero mis ojos seguían humedecidos, y las razones eran claras. Estaba perdida, en medio de un caluroso día de verano. Muerta de sed y de hambre, y ya ni sabia a cuantos kilómetros había dejado aquel dichoso coche, solo que llevaba más de una hora caminando. Mis desdichas eran claras, nunca había tenido suerte.
Ni en mi vida, ni el instituto, ni en estos tres años que llevaba fuera de él, ¡solo necesitaba llegar a Madrid!, ¡solo eso!... quizá ese fue el pensamiento, o el sentimiento, que desencadeno lo demás. Porque gemí levemente y poco a poco comencé a llorar.
Si bien era cierto que odiaba llorar, pero me sentía tan desamparada que era lo único que encontré para aliviar mi desesperanza.
-¡que aparezca un coche joder! – grité en mi desesperación, la sed lo provocaba - ¡UN SOLO COCHE!
Me paré en seco y cogí aire, ¿me había vuelto loca o que?
Fruncí el ceño y patalee en el sitio. Estiré mis brazos hacia el suelo y regí mis piernas en un intento por aliviar mi tensión. Pero solo conseguí exasperarme más.
Aunque, quizá dios o quien fuera el que escuchaba, hizo caso a mi pedida. A lo lejos, atisbe el ruido de un motor acercarse y me puse en mitad de la carretera. ¡Le iba a parar si o si!
Apoye una mano en mi frente intentando ver con mejor claridad la larga carretera que se alargaba ante mí. Parecía que estaba formada de fuego debido al calor y aquello me sobrecogió. Era la sed, me dije a mi misma, de nuevo.
El coche que en un principio creí oír tardaba en aparecer ante mi, ¿lo había imaginado? Me angustie ante la idea, ¡ya me había hecho ilusiones de beber algo! Pero ahora, veía mi cercano futuro negro, muy negro…
Seguí caminando a pasos forzados, evitando mirar alrededor o pararme a pensar en el incesante calor que quemaba mi blanca piel, ¡la crema solar! Ya sabía que algo se me olvidaba, y eso, desde luego que era indispensable, al menos para mí. En ese mismo instante, comencé a escuchar de nuevo un motor, pero esta vez parecía estar más cerca. Alce la vista tanto como pude, y vi aparecer un todoterreno azul marino ante mi. ¡Por fin! Tenía unas ganas tremendas de ponerme a saltar, a reír o a llorar. O las tres cosas a la vez.
Al parecer no hizo falta ponerme en mitad de la carretera, el conductor vio mi presencia o quizá mi estado, lamentable, y bajó la velocidad del coche, dejándolo en punto muerto en un extremo del arcén. Respire tanto como pude, aliviada, mientras andaba despacio hacia aquel coche.
En ese momento la persona que abría la puerta y bajaba a mi ayuda, era un ángel. Un ángel caído del cielo que sucumbía a mis plegarias, estaba tan desesperada que no me importaría rogarle por una gota de agua o por una sola patata. Observe que era un hombre por el cristal, y este al bajar, se quito las gafas de sol que cubrían media cara.
Me quede helada.
Ya ni hacia calor.
Ni tenía hambre
Ni tenía sed
Desee darme la vuelta en ese mismo momento, ¿¡porque a mi!?
-¡tiene que ser una broma! – gruñí hacia mi misma.
Pero no, al parecer, ese día me había salido torcido por completo. Iván se acercaba hacia mí a pasos dudosos. Posiblemente, tan conmocionado como yo ante tal encuentro.
-¿Julia? – preguntó casi con burla.
Mi mueca de desagrado, habló por si sola.
Continuara… ---
Ultima edición por bequitazul el Jue Ago 13, 2009 2:57 pm, editado 1 vez
Le veía frente a mí casi sin ver.
Se le veía algo incomodo, posiblemente igual que yo. Se pasaba una mano por la nuca mientras repartía el peso de un pie a otro. Y nuestras miradas se evitaban. Bueno, más bien, la mía lo hacia.
¡No podía ser cierto! Me negaba a aceptar que mi mala suerte llegara a esos extremos.
-¿Qué?, ¿de paseo? – se burló.
Cogí aire y apreté los puños, clavándome mis propias uñas hasta que los nudillos se volvieron blancos. Pensé en darme la vuelta, ignorarle y morir durante el camino hacia ninguna parte, pero mi estomago y mi garganta se quejaron. Tenía que comer algo y beber cuanto antes, así que permanecí plantada en el mismo sitio con la misma expresión: cabreo.
-el desierto es muy bonito, la verdad – respondí con claro sarcasmo.
Él soltó una carcajada, ¿Dónde estaba la gracia?
-ya veo…
Me miró con actitud curiosa y yo desee llenar su bonita cara de aplausos, hasta que al cabo de unos minutos, medio suspiro y un chasquido de lengua, algo que me crispo aun más, decidió seguir hablándome.
-¿necesitas ayuda?
-no – respondí orgullosa.
Mi estomago rugió en protesta.
-Necesitas ayuda… - afirmo él con media sonrisa.
Me cabreaba por momentos, pero sabía que tenía razón. Necesitaba ayuda y mis intentos de permanecer distante y orgullosa con él no iban a conseguir nada.
Pero, ¿Cuánto tiempo hacia que no le veía? Cortamos hace ya casi dos años, y la última vez que nos vimos, en la boda de Marcos y Amelia, él y yo acabos montándonoslo en el baño del restaurante. Después, volvimos a discutir.
Suspiré.
-si, necesito ayuda.
¿¡Contento!? Sonrío, dándome un sí. Pero el muy capullo no iba a ofrecerme nada que yo no pidiera, hasta ese punto llegábamos. Y yo estaba desesperada.
-¿tienes agua? – pregunté a regañadientes.
Él se rió sacudiendo levemente la cabeza en ese gesto tan suyo, y tras darme una ultima miradita, sacó de su coche una botella de medio litro. Mis ojos se abrieron como platos y casi me puse a saltar del alivio. Pero debía mantenerme a raya y serena, además de borde y arisca. Nuestra particular manera de ¿querernos? No, desde luego que no. Sonreí hacia mi misma.
-aquí tienes – me dijo, ofreciéndome la botella.
Asentí y sin un “gracias” cogí la botella y la bebí casi con ansias, ¿debería mostrarme más… cautelosa?, ¿fina? ¡Pero que hacia pensando eso!, ¡solo era Iván!
-gracias – musite una vez me bebí todo el agua que había.
-solo es porque te estabas medio muriendo, no te lo tomes como algo personal, Casper.
-Imbecil – gruñí.
-¿es que siempre tienes mala ostia? – respondió riéndose de mi.
Respire hondo y le mire con dureza mientras aplastaba la botella contra su pecho.
-gracias por el agua, pero yo tengo prisa…
Le sonreí con desdén y me di la vuelta. Vale, mi orgullo era mucho, pero no iba a pasarme el día aguantando a ese capullo cuando tenía que llegar a Madrid lo más pronto posible. E Iván no estaba dispuesto a ayudarme.
-¡Julia!
Seguí andando, cada vez con más firmeza a lo largo de la carretera, ¡tendría que encontrar algún lugar cerca! Cualquier cosa antes que arrastrarme y pedirle ayuda a él.
-¡Julia! ¿Dónde vas?
-de paseo, ¿no me ves?
Mientras seguía caminando y apretando los puños, respiré exasperada, y escuché como él repetía ese mismo gesto.
-anda ven, que te llevo.
-gracias, pero si quiero tratar con cerdos seguro que encuentro una granja cerca.
-¡no voy a rogarte!
-¡Piérdete Iván!
-¿sabes?, ese carácter tan tuyo siempre me ha puesto mucho – se rió él.
-lo sé.
Suspiré y me agarre mejor el bolso mientras sonreía hacia mi misma. No tenía porque recurrí a él, ¿no? Había pasado por muchas situaciones descabelladas y desesperadas yo sola, podía arreglármelas.
Pero pese a mis intentos por permanecer firme ante las circunstancias que me embargaban en ese momento, también era consciente de que llevaba horas andando, tenía hambre y el calor era abrasador. Mis pasos dudaron unos instantes, y él se dio cuenta.
-vamos Julia, que no va a pasar nada que tú no quieras – bromeó.
Solté una carcajada, riéndole la gracia sin ganas, y me di la vuelta. Me encontré a escasos pasos sus ojos oscuros y su sonrisa perturbadora.
-no tendrás esa suerte…
-anda, métete en el coche.
Y sin esperar una respuesta, Iván se acerco al todoterreno mientras yo le seguía con la mirada. Suspire cansada y volví la vista de nuevo hacia la larga carretera que debería seguir en caso de no subir al coche de Iván. El sol ardía con fuerza y apenas veía el limite, mi estomago se revolvió y yo, tuve que tragarme el orgullo.
Me metí en el todoterreno después que él y casi rompí a llorar cuando noté el aire acondicionado acariciar mi piel, ¡dios hasta podía respirar!
-¿Donde vas? – me preguntó Iván una vez puso en marcha el coche.
-A Madrid.
-pues estas de suerte – me sonrió él – yo también voy allí.
Y así, mientras observaba como él parecía disfrutar de mi mala suerte y el reencuentro desafortunado, nos pusimos en marcha hacia nuestro destino. Yo simplemente entrecerré los ojos, y observe el paisaje, cualquier cosa antes de ceder a las burlas, comentarios o sarcasmos, del chico que tenía sentado a mi lado.
Su nombre es Iván Noiret. En estos momentos, su cabello es de negro cobrizo; tiene una piel bronceada y sana propia del verano, y unos ojos oscuros y penetrantes que no quitan la vista de la carretera. Pero no son ellos los que me tienen cautivada. Hay algo más… perturbador, por así decirlo.
Si, desde luego que ese “algo” es el incesante silencio que mantenemos.
Ya no se que puedo hacer dentro del coche para que el trayecto se me haga leve o de alguna manera, deje de ser incomodo. Llevo alrededor de una hora sin apartar mi vista del escaso paisaje que nos rodea, y no aguanto más con el aburrimiento. Pero, al menos, Iván puso música intentando hacer así nuestro viaje menos tenso.
-y… ¿Qué hacías por ahí tirada, Casper? – preguntó al cabo de un rato con clara burla.
Suspiré y por un instante desvíe la mirada de la ventanilla hacia él. Con desdén alcé una ceja y sonreí con cinismo.
-nuevas aventuras – respondí sin ganas.
-Oh, no sabia que los deportes de riesgo iban contigo.
Le miré frunciendo el ceño, ¿De qué iba?
-por coger un coche, digo – siguió entre risas – “Julia al volante peligro constante”
-¡Imbecil!
Él soltó una carcajada. Al parecer su difracción contra el aburrimiento seria reírse de mí, menuda novedad. Respiré hondo y volví de nuevo la vista hacia la ventanilla, prefreía seguir ignorándole.
-vamos, ¿ya te has enfadado?
-¿Sabes? – salté harta – he tenido un día de mierda y lo único que necesitaba era encontrar a mi exnovio riéndose de mi y encima tener que aguantarle porque necesito ayuda.
-Tú lo has dicho, necesitas mi ayuda… así que tendrás que seguir mis normas.
-¿normas? – pregunté incrédula – si quieres acostarte conmigo Iván, este no es el camino.
Le sonreí de medio lado, con falsedad.
-Si quisiera acostarme contigo, Julia, usaría otras tácticas.
Y me guiñó un ojo.
¡Dios! Estaba más y más irritada por momentos, en ese instante preferí volver al duro desierto o estar sedienta. No le aguantaba.
-que te den.
Él volvió a reírse, al parecer esa situación le parecía más que divertida. En cambio, yo estaba cada vez más exasperada. Además te todo lo que me había pasado, tenia que aguantar las burlas y mofas de mi ex.
-bueno dime, ¿Por qué quieres llegar a Madrid con tanta prisa?
Cogí aire, al menos, ya comenzábamos una conversación adulta.
-en dos días me voy de viaje a Londres, y tengo que resolver asuntos antes.
-¿y tú que has perdido en Londres? – me preguntó curioso, con el ceño fruncido.
No tuve que pensar mucho la respuesta.
-mi novio es inglés – me inventé en ese mismo instante.
-guiri – rectificó él, en tono burlón.
-al menos tengo pareja – dije despacio, alzando una ceja.
-¿y a ti quien te dice que yo no la tenga?
Me quede callada en ese mismo instante, hasta entonces no me había parado a pensarlo. Que yo no tuviera no querría decir que él tampoco. Y para mi sorpresa, no supe que pensar o sentir ante esa idea.
-¿tu? ¿pareja? – alcé una ceja – no me hagas reír Iván.
-Oh vaya, así que crees que es mentira… - me miró curioso.
-Si, exacto, lo creo.
-¿Por qué?
-Nadie te aguantaría – dije mientras le sonreía con desdén.
-Tú lo hiciste – me recordó él.
Si, era cierto, lo hice.
Estuve apunto de contestarle con alguna pullita de las mías, pero cuando volví de nuevo la vista de la ventana hacia él, vi que miraba la carretera atento. Había puesto fin a la conversación y yo no sabia muy bien si alegrarme o no.
En cierta manera, una parte de mi deseaba seguir ese tema, nunca aviamos tocado el tema de la ruptura en las pocas veces que nos habíamos visto desde entonces. Tampoco fue tan grabe, ni hubo terceras personas. Supongo que llego el momento en el que nuestra historia terminó, y aunque me jodiera, muchas veces me veía añorando esos momentos. Sacudí la cabeza, habían pasado casi dos años desde que rompimos.
Cuando volví la mirada hacia el frente me di cuenta de que había tomado un desvío y mi mala leche, salio a relucir de nuevo.
-¿Dónde vas? – pregunté al instante.
-me muero de hambre y ya es tarde – contestó él.
Forzando la vista me fije en que nos dirigíamos a un área de descanso. Una gasolinera, un hotel y un restaurante era lo único que podía verse por allí.
-¡Tengo que ir a Madrid! – le espeté.
Pero él parecía no querer escucharme y aparcó el coche pese a mis constantes quejas. Suspiró mientras se desabrochaba el cinturón y apagaba el motor, justo antes de salir del coche, y dejarme con la palabra en la boca.
Mi cabreo crecía a pasos agigantados.
-¡Iván! – le grité saliendo a su vez del coche, acercándome.
-¿Sabes? – dijo entonces él, con picardía en la mirada – creo que seria mejor pasar la noche aquí, llevo muchas horas conduciendo.
-¿estas de coña, no? – dije enfadada.
El sonrió en respuesta y echo a andar hacia el restaurante. Exasperada, le seguí por detrás comiéndome miles de insultos que deseaba gritarle.
-¡No pienso dormir aquí! – le decía - ¡Iván! ¿me estas escuchando? ¡tengo que ir a Madrid! Perfecto… ¿sabes? Hubiese sido mejor buscar ayuda por mi sola a pedírtela a ti… - suspire detrás suya y vi como seguía ignorándome - ¡IVÁN!
Pero el siguió sin articular palabra, más bien, su actuación fue mucho más intensa.
En el mismo instante en el que grité su nombre completamente cabreada, él se volvió a mí, me cogió de la cintura y tiró de ella hacia él para mi sorpresa. Apenas tuve tiempo para reaccionar, porque en un segundo noté como sus labios chocaban con los míos. Como su boca entreabría la mía y ambas se fundían en un pasional e intenso beso.
Estaba tan anonadada, que no supe ni como reaccionar. Simplemente saboree sus labios y volví a sentir como tantas veces, aquel fuego aparecer entre nosotros. Como una mecha que se prende y no puedes parar.
Aun tenía los ojos cerrados cuando él se separo de mí, me miró con media sonrisa de satisfacción y soltó mi cintura.
-callada estas más guapa, Casper.
Riéndose, se giró de nuevo hacia el restaurante. Y yo me quede plantada en el sitio, en silencio, y sin saber que decir.
Miraba el plato absorta en la carne troceada, la lechuga expectante y la cantidad de migas que había ido rompiendo del pan a medida que la velada transcurría.
No hablábamos.
No nos mirábamos.
Apenas respirábamos.
-¿el beso te ha quitado el hambre o que? – preguntó Iván con sorna.
Suspiré y clave el tenedor en el filete de mala gana. Lo peor de todo lo que me había pasado ese fatídico día, sería escucharle.
Él se rió.
- es que escucharte da nauseas – respondí sin ganas.
- ya… porque prefieres hacer otras cosas antes que oírme.
Iván alzó una ceja conteniendo una picara sonrisa mientras yo le miraba con cara de circunstancia. ¿De que coño iba?, joder… que lo había superado.
Él no me gustaba, ¡no me gustaba en absoluto!
-pues mira si, algo como clavarte este tenedor.
-o como clavarme las uñas – y se levantó de la mesa.
Si, clave las uñas al escucharle, pero a mi misma.
-¡Eres un egocéntrico! – le espeté enfadada – además de un capullo.
-si… pero eso te encanta.
Y me guiñó un ojo.
Al parecer, tenía entre ceja y ceja seguir picándome hasta explotar. Su aventura del día, por así decirlo. Respiré hondo intentando controlar el enfado que tanto intentaba sobresalir y desvié la mirada unos instantes para no marcar mi mano en su bonita cara.
-¿y donde vas? – dije al verle irse hacia la puerta.
-Oh cierto… se me olvidaba – sonrió – no había habitaciones así que tenemos que compartirla, y prefiero subir y pedirme la cama antes que dormir en el sofá...
Debía ser una broma.
-¿Cómo? – pregunte siguiéndole.
-buen plan, ¿eh?
-¡ni sueñes que voy a dormir en la misma habitación contigo! – le espete.
Iván comenzó a subir los escalones hacia la planta de arriba, donde se encontraban las habitaciones de ese motel de carretera, mientras yo le miraba con rabia. Era consciente de que siempre había tenido mala suerte, pero, ¿tanta? ¡No podía creerlo!
-en ese caso, prueba a dormir en la calle – alzó una ceja – porque ni de coña te dejo las llaves del coche, Casper.
Respire exasperada mientras le seguía hasta las habitaciones. Lo que tenia claro, al menos por el momento, era que no iba a dormir en el sofá y mucho menos compartir la cama con él.
Seguimos en silencio hasta que llegamos a nuestra habitación, si podría recibir ese nombre, claro. Porque al abrir Iván la puerta y encontrarme con tal estancia, casi se me paso por la cabeza la idea de dormir en la calle. Entré en la habitación algo recelosa y miré todo mientras alzaba una ceja.
-que asco.
-si quieres pídete una suite no te jode… siempre te estas quejando, encima que me preocupo.
Volvió a reírse mientras entraba en el baño.
-eres un engreído – refunfuñe cruzándome de brazos.
-si, pero también me pido primero en la ducha.
Dicho esto me dejo con la palabra en la boca y me cerró la puerta del baño en las narices. Cerré los puños impotente intentando morderme la lengua, estaba segura que aquel fatídico viaje se haría más lento y odioso por momentos. Sacudí la cabeza mientras le escuchaba abrir el grifo de la ducha y me moví despacio por aquella habitación. La pared estaba descolorida y con grietas, la ventana que daba a la parte de atrás del motel parecía rota y preferí no intentar abrirla, la moqueta vieja tenía ronchones y cuando intente encender la tele, me di cuenta de que ni esta funcionaba.
-genial – musite irónica.
Deje mi bolso en la cama y me senté en ella, no era demasiado cómoda pero para una noche era pasable. Después, casi por inercia, dirigí mi vista al sofá que había a un lado de la habitación.
-ni de coña.
No iba a dormir allí, eso desde luego.
Haciendo tiempo me puse a contar como una niña las flores que había en las formaciones de la colcha hasta que volvían a repetirse. Por fin, escuche el sonido de agua cesar y me acerque hacia la puerta con cara de pocos amigos.
Iván la abrió y me encontré con su cuerpo mojado tapado únicamente con la toalla, en una mano llevaba sus cosas, y yo me obligue a mi misma a permanecer entera. Pero joder, que difícil era.
-quita de en medio capullo – le dije entrando al baño.
Él se rió y me dio una miradita, y justo cuando estuvo apunto de abrir la boca, le cerré la puerta en las narices. Estaba harta de tanta tontería.
-por cierto… - dijo él con desden desde la habitación – al igual se ha acabado el agua caliente, bonita…
-Imbécil
Me quite la ropa y poco a poco fui metiéndome en la ducha. Después de aquel horrible día, sentir el chorro de agua fría acariciar mi piel era como estar en el cielo. Por un instante, conseguí relajarme hasta tal punto que deje de pensar en donde tendría que pasar la noche y mucho menos con quien. Pase mis manos despacio por cada centímetro de mi piel y cerrando los ojos perdí los dedos en mi pelo. Abrí la boca y saboree el agua que en esos instantes caía sobre mí… hasta que me atragante.
-¡Joder!
Comencé a toser y apoye una mano en la ducha mientras intentaba recobrarme. No podía ser cierto, ¡Ni una ducha me salía bien!
Exasperada cerré el grifo y me enrollé la toalla. Salí con cuidado de la ducha y observe mi imagen en el espejo, y fue justo en ese instante, cuando decidí coger el toro por los cuernos. Iván iba a dejar de reírse de mí.
No tenía maleta ni ropa de cambio, pero no iba a dormir en vaqueros rotos. Así que, al final, decidí quedarme en bragas y camiseta. Lo tenía más que claro, yo sufriría por aguantarle, pero él lo haría por no tocarme.
-que se joda – dije hacia mi misma.
Salí del baño reprimiendo una sonrisa de satisfacción y le vi a él en un lado de la cama. En calzoncillos y camiseta interior, y supe, aun sin mirarle, que me observaba. Sin dirigirle la palabra fui a la otra parte de la cama y deje mis cosas sobre el sofá. Baje la persiana, y me metí en la cama.
-vaya, creí que preferirías el sofá – dijo sarcástico.
-prefiero dormir con cerdos, por mucho que me pese.
Le sonreí falsamente y despacio, fui quitándome la camiseta. Podía sentir su mirada recorriendo cada centímetro de mi piel, quieto. Y yo, altiva, termine de quitarme la camiseta en actitud provocativa y la tire al sofá que estaba a mi lado.
Él me miraba entre curioso y sorprendido.
-bueno, ¿apagas la luz o no? – dije metiéndome en la cama y tapándome con un fina sábana.
-¿Piensas dormir así? – pregunto tras unos segundos en silencio.
-Normalmente duermo sin nada – le mire de reojo – pero no tendrás esa suerte.
Mi respiración tranquila se acompasaba a la de él. Aunque poco a poco, sentía como se iba parando, al menos la mía. La situación que intentaba controlar con normalidad parecía que se me escapaba. Despacio, lleve una de mis manos al pecho, y escuche sorprendida el fuerte golpeteo del corazón contra mis costillas, ¿seria por tenerle durmiendo justo a mi lado? No, ni de coña. Había tenido un mal día y no podía dormir, nada más.
Mis ojos, abiertos de par en par, observaban con asombro los haces oscuros de luz que la luna dejaba entrever por la persiana entreabierta. Escuchaba intranquila los sonidos de la carretera y de las habitaciones que nos rodeaban, las pareces parecían hasta de papel. Y, mis manos, se agarraban como podían a la almohada para evitar cualquier contacto físico con Iván.
Si, desde luego que era entupido por mi parte, pero en esos momentos estaba arrepintiéndome de mi tonta venganza. Posiblemente él estaría dormido a pierna suelta y yo mirando la ventana sucia y rota, con la esperanza de que el sueño me invadiera. Pero era misión imposible, no podría dormir con él a mi lado.
Me mordí el labio reprimiendo las ganas de tirarle de la cama, cuando, en un instante, percibí el roce tibio de su piel junto a la mía. Nuestros pies se rozaron en un movimiento de su cuerpo al cambiarse.
-lo siento.
¿Me hablaba? ¡Dios!
Me quede parada al instante con los ojos como platos. Sentía que el corazón se me iba a salir del pecho de la profunda tensión que respiraba y al escucharle carraspee.
-tranquilo.
Se hizo un silencio tan angustiante, que incluso las respiraciones eran ariscas a conformarse.
-¿Estas despierta?
-Pues si… ¡pero si no lo estuviera me hubieses despertado!
-Joder, hasta en sueños eres borde coño…
Suspire y clave las uñas en la almohada. Debía centrarme para dormir.
Pero, justo en ese instante, escuche el sonido de la sabana desplazarse y el cuerpo de Iván acomodarse más cerca del mío.
Tragué lentamente.
-¿Qué haces? – pregunte con voz entrecortada.
-¿tienes sueño?
Suspire y me encogí en mi misma.
-si, si lo tengo.
-lo siento – dijo entonces él.
-¿Por qué? – pregunté frunciendo el ceño, perdida.
En ese instante, escuche de nuevo el sonido de las sábanas deslizarse y percibí atenta como el cuerpo de Iván se colocaba justo detrás del mío. ¿¡Pero que coño hacia!? Deseaba gritarle, empujarle o pegarle… pero mi cuerpo permaneció quieto. Inmóvil.
Note su mano deslizarse debajo de la sábana hasta que rozo mi piel con su dedo índice, dibujo un contorno en el lateral de mi cintura, y yo me estremecí.
-por esto
- ¿Qué haces Iván? – pregunte con voz entrecortada, sintiendo aun la sutil caricia.
Tardó unos segundos en contestarme, y cuando lo hizo, sentí su respiración acompasada en mi cuello, erizar mi piel mientras sus labios se posaban un instante cerca de mi oído.
-facilitarte el sueño – susurró.
No, no me lo estaba facilitando en absoluto, más bien todo lo contrario.
-Iván… - intente decir de forma firme.
Encendí la lámpara que tenía justo al lado, y me gire para mirarle con dureza y obligarle a que se apartara, pero sus ojos encontraron los míos a escasos centímetros, y nuestros labios casi se rozaban. Al tenerle tan cerca mi respiración se cortó por unos segundos y me obligué a mi misma a apartar la vista de sus intensos ojos. Pero, al hacerlo, fue a parar a sus labios. Y no se que era peor.
Al observar su rostro tan cerca del mío no pude evitar que el corazón se me acelerara y el estomago cayera a mis pies. Intente respirar, pero mis pulmones ni me obedecían.
Reconocía la intención en sus ojos, ese deseo que transmitían sus labios. Y también reconocí en mí las irrefrenables ganas de besarle, ¿¡que coño estaba haciendo!? Preferí no pensarlo. Sabía con exactitud como se movería, y lo que sentiría al probar sus labios.
Respirando entrecortadamente no fui capaz de decir nada, y sin saber como, nuestros labios se rozaron con suavidad, pero ninguno quería sutilezas.
Ese juego cambio cuando nuestra piel se puso en contacto. Sus manos, estrecharon mi cintura en el intento de aferrarme e él, entreabrí la boca y sentí su lengua buscando la mía. Al instante, ambos estábamos devorándonos. Su boca se volvió dura y brusca de pronto, sus grandes manos subían por mi cintura y nuestras lenguas extasiadas apenas tenían descanso. En ese momento se me descontrolo la cabeza de tal manera que no podía pensar con coherencia, ¡Estaba haciendo una locura! Y lo peor, era que deseaba hacerla.
Mi cuerpo reacciono a las caricias que recibía, a los besos fervientes que nos dábamos, y en un momento, él aparto la sábana que me cubría con brusquedad y toco mi cuerpo con más ansias que antes. Mi respiración se volvió salvaje y jadeante, acoplándose a la suya, y mi mano izquierda se alzo hacia su rostro, su pelo, para enredarlo entre mis dedos y así atraparle.
Iván se tumbo encima de mí con un rugido en el instante en el que mordí su labio, y su mano recorrido mi cuerpo con atención, desde la rodilla, subiendo por el muslo hasta abarcar mi pecho. Yo jadeaba, pero él también cuando su aliento se mezclo con el mío. En ese momento solo estábamos los dos, ni siquiera era consciente de la situación que viviríamos el día siguiente.
Solo existíamos los dos, tan unidos que apenas contábamos por dos.
Metí mis manos por debajo de su camiseta, tocando con excitantes caricias su espalda, y él comprendió el gesto, puesto que al poco se quitó la camiseta por la cabeza y la tiró lejos, antes de volver a mis labios con fuerza. De una forma casi salvaje.
De pronto, su boca abarcó mi cuello, lo mordió con picardía y sentí como perdía la cabeza y la poca cordura que me sostenía. Sintiendo esos besos húmedos y picantes, me coloque bajo su cuerpo y reprimí los jadeos y suspiros que intentaba evitar. Sus manos, expertas, se deslizaron hacia mi espalda y casi con maestría me quitaron el sujetador, pero en la desesperación el cierre se rompió. Aunque, tampoco importaba, porque en ese momento estaba demasiado excitada, y mi cuerpo solo podía pedirme más.
Tiré de su pelo y volví a su boca con ansias, dejamos paso a la pasión que siempre nos rodeaba. Ese sentimiento tan irrefrenable que nos invadía al mirarnos. Esa tensión sexual que simulábamos con desden y sarcasmos.
Mientras seguíamos besándonos de una forma tan común en nosotros, una de sus manos bajo por mi cuerpo, rodeo la aureola de mis pechos y siguió su recorrido hasta llegar a la entrepierna. Yo gemí sin reparos al sentir esas caricias y mi boca se dirigió a su oído, le mordí el lóbulo de la oreja y después baje rozando la piel de su cuello con mis labios, alimentando las ansias de tenernos.
Justo cuando Iván comenzaba a bajar por el muslo mi ropa interior y yo me entretenía clavando mis uñas en su espalda y perdiendo mi boca en su cuello, la ley de Murphy apareció en mi vida.
-¡PUM!
La lamparita que teníamos justo a un lado se apagó de golpe haciendo un ruido seco, lo último que llegue a ver fue un pequeño rayo salir del enchufe, antes de que la lámpara cayera y se hiciera añicos. Ambos dimos un brinco y nos miramos, dándonos cuenta del error que estábamos apunto de cometer.
¡Joder! Eso no era tener mala suerte, ¡era una maldición!
Completamente irritada mire hacia el techo en un intento de pedir clemencia.
-¿¡Es que no puedo echar ni un polvo en paz!? – grité - ¡Joder!
¡Joder!
Ambos nos quedamos parados y justo cuando estuve apunto de volver a abrir la boca, avergonzada, a Iván se sonó el móvil.
Puede observar de reojo como él estaba tan irritado como yo, e intente no dirigir mi vista hacia la zona excitada de su cuerpo, porque me daría de cabezazos con la pared. Lo único bueno que podría conseguir seria un gran orgasmo, y eso ya no entraba en mis posibilidades.
Me tape con la sábana.
Para variar, me encanta Becky ! Por favor síguelo, que así no nos puedes dejar, ahora tiene novia ? Buaa .. de verdad que no se como se os ocurre pero es de dar gracias eeh ? xD
Síguelo pronto guapa =) ---
Iván me dirigió una dura mirada y tapó el móvil intentando así que no se me escuchase, ¿Qué coño era yo? ¿¡Un polvo!? ¿La otra?
Me quede quieta al pensarlo, claro que era eso, su exnovia, un simple polvo… ¿Y porque me jodía que así fuera?
Me negué en rotundo a pensar las razones.
-eres un capullo – le dije con desprecio.
Me tapé con la sábana hasta casi las cejas y le mire mientras intentaba retomar la conversación con esa chica.
-si… sí, yo también te echo de menos… - y sonrió.
Daba asco.
Indignada y con un cabreo enorme, me levanté de la cama y comencé a buscar mi ropa con brusquedad. Casi temblaba del enfado y la rabia que tenia, vale que no tuviera importancia, ni que fuera su amiga, pero joder… ¡Ni siquiera me respetaba!
Comencé a vestirme mientras refunfuñaba y escuchaba la conversación de Iván con su novia sin poder creer que esa situación se estuviera dando. Tenía unas ganas terribles de llenarle la cara de aplausos, arañarle, estampar su móvil contra la pared, hablar con su novia… cualquier cosa que le jodiera. Pero que le jodiera mucho.
Mi cabeza daba mil y una vueltas mientras seguía recogiendo mi ropa y me vestía lo más deprisa que mis pasos torpes me permitían. Rebusque mi sujetador por el suelo, y vi el broche roto, ¡Estupendo! ¿Qué más podía pasarme? Encima tendría que largarme de allí con las de emergencia puestas. Si, desde luego que mi vida era realmente catastrófica.
Tenia ganas de romper a llorar.
O comerme un helado enorme de chocolate.
- sí, yo también te quiero… - escuché que decía sin muchas ganas.
Esa fue la gota que colmo el vaso, él nunca me había dicho esas dos palabras.
Me puse la camiseta sin pararme a pensar en el sujetador, cogí mi chaqueta, mi bolso y me quede plantada un momento en mitad de la habitación. Pensando.
Sentía tanta rabia, tanta impotencia… que la solución llego a mí en el momento más esperado.
Sonreí hacia mi misma, y mientras le veía hablar con su zorra de turno me agache y busque las llaves del coche en sus vaqueros. En cuanto las tuve en mis manos fui directa hacia la puerta sin siquiera dirigirle la palabra.
Vi de reojo como apartaba un momento el móvil y se me quedaba mirando.
- Ey, ¿Dónde vas?
- a robarte el coche – sonreí, haciendo resonar sus llaves en mis manos.
Después, salí de la habitación y la cerré de un portazo, con suerte su novia me había escuchado.
-¡Zorra! – dijo él desde la habitación.
Apenas podía respirar con normalidad de la rabia que sentía, ¿de que coño iba? ¡Acostarse conmigo mientras estaba con otra! Y… ¿Quién sería su novia?, ¿la conocería?
Comencé a bajar las escaleras deprisa, casi de dos en dos, mientras escuchaba como salía de la habitación y me seguía hasta la calle.
¡Cabrón! Hipócrita, egocéntrico, cerdo, imbécil… le esperaría todas y cada una de esas palabras. Pero tenía que robarle el coche, y eso lo haría, si o si.
-¿Y tú qué coño miras? – le espete al recepcionista mientras abría la puerta y salía a la calle.
Hacia un calor horrible, aun siendo de noche. El típico calor agobiante de las noches de verano, ese que se pega a la piel y apenas te deja respirar. La noche, ya madrugada, era clara y la luna llena iluminaba todo a su paso. Yo me dirigí con pasos firmes y enfadados hacia el aparcamiento de aquella mierda de hotel, únicamente iluminado por las viejas farolas que se desperdigaban cada tantos metros.
-¡Julia!
Me di la vuelta mientras me dirigía hacia el coche y le vi salir del hotel, descalzo, en calzoncillos, y aun con el móvil en la mano.
-¡Que te jodan Iván! – le grité, llegando a su coche.
Él corrió hacia mí, y yo puse la llave en la pintura, amenazándole con rayarlo.
-¡Ni te acerques!
-¿¡Pero qué coño te pasa!? – me gritó - ¿Estás loca o qué?
Tuve que pararme a recuperar el aliento mientras le miraba frente a mí, a unos cuantos metros de distancia por prudencia. Mi mano temblaba y no lo pasaba por alto, pero le fulmine con la mirada y me colgué mejor el bolso de un hombro.
-¡Eres un capullo!
-Julia, joder no hagas tonterías y dame las putas llaves.
Me eche a reír, se le veía completamente nervioso, haciendo espavientos con los brazos mientras seguía teniendo el móvil en las manos.
-¿Sigues hablando con tu novia? – alcé una ceja – dale saludos de tu amante
-¡Joder!
Al parecer, no se había dado cuenta y apago el móvil tras escuchar mi bonito saludo. Me reí con sorna y abrí la puerta del coche sin querer volver a mirarle, solo deseaba largarme y joderle un poco a él la existencia, porque la mía ya había sufrido bastante.
-Julia… - dijo intentando ser dócil – dame las llaves, que el coche no es mío… por favor.
-Ah… entonces, es de tu novia, ¿no?
Él se quedo en silencio, respondiendo así mi pregunta, y su cara cambio a casi pánico en cuanto vio lo que estaba haciendo. Con fuerza raje todo un lateral del coche, pasando la llave por la pintura y marcándola a su paso.
-¿Mucho más bonito no crees? – dije irónica - ¡Eres un cabrón Iván!
Abrí la puerta del coche, me metí en el y me apresure a echar los pestillos, impidiendo que Iván pudiera abrir la puerta. Le escuchaba gritarme desde fuera, casi suplicante podría decir. Pero yo puse en marcha el motor, me pase el cinturón y le dirigí una última mirada antes de sacar el coche del aparcamiento. Mientras, Iván intentaba sin éxito abrir las puertas, pobre iluso.
-Adiós cariño – me reí – pásatelo bien.
Le lancé un beso, y saque el coche hasta la carretera. Aun por el retrovisor le veía gritarme y hacer espavientos con los brazos, pero al menos, ya no tendría que escucharle.
La autovía a esas horas estaba prácticamente vacía y yo pude explayarme lo que pude. Aun sentía el enfado rugir en mi interior, esa sensación tan impotente que me hacia hasta temblar de la rabia, pero lo que más me jodía era que en parte el enfado iba conmigo misma. Había sido una estúpida al caer en sus tretas, en sucumbir a sus encantos, a sus caricias, a sus besos… sacudí la cabeza. Llevaba un día horrible y durante las últimas horas no había mejorado, más bien todo lo contrario. Casi me tiro a mi exnovio, me quedé con el calentón, me enteré de que mi ex tiene novia, y había robado el coche de su novia para irme hasta Madrid… ¿Había cogido la dirección correcta? Bah, qué más daba, en ese instante apenas era consciente de mis actos. Solo sabía que estaba haciendo una completa locura pero apenas caía en la realidad que eso podía acarrearme… hasta que la realidad cayó ante mí con dureza, al darme cuenta de que un coche de la policía me estaba siguiendo y hacia señales para que me parara. Estupendo, otra desdicha que sumar a mi larga lista.
¿¡Tranquila!? ¡No podía estar tranquila!
Seguí conduciendo intentando hacerme la sueca, quizá funcionaria… joder, claro que no iba funcionar. Que era la poli, ¡no unos tontos!
Echa un mar de nervios fui parando el coche hasta llegar a un lado de la carretera, bajé la ventanilla y mientras veía al agente acercarse a mí, me fije en mi imagen en el retrovisor. Parecía una loca, o algo peor. Tenía el pelo alborotado, las mejillas coloradas y ni siquiera llevaba sujetador debajo de mi camiseta de tirantes, ¡Joder! Es que no podía tener más mala suerte.
-la documentación por favor – me pidió uno de los agentes, algo mayor y con cara de pocos amigos.
Trague despacio y me reí nerviosa, jugando con mis manos al sujetar el volante.
-han denunciado el robo de este vehículo, ¿podría salir del coche?
Miré al agente mientras él me alumbraba con su linterna, y ante la situación que se me venía encima, ante las pocas opciones que tenia y los nervios acumulados en mi interior… me eche a llorar, como si fuera una niña pequeña. Perdida y desolada.
En un calabozo, ¡Dios! ¡En un calabozo!
Había pasado de dormir con Iván, a robar un coche, a pasar la noche en un calabozo. Si alguien dudaba de mi mala suerte, ya puede estar seguro de que mis desdichas son propias de alguien gafe. Apoyé la espalda de nuevo en la pared de piedra que tenia detrás y me pase una mano por la cara, ¡Joder! ¿Cómo podría salir de allí? no valía la pena negar la evidencia: había robado un coche e iba por la carretera sin cumplir el límite de la velocidad permitida.
Solo esperaba que mi serie de catastróficas desdichas acabara pronto, porque poco a poco conseguiría volverme loca. En cambio, lo peor no era estar allí encerrada, ni tener a mi lado a una puta de turno observando atenta mis movimientos, ni tampoco observar como el guardia de seguridad no dejaba de mirarme en actitud curiosa o quizá lasciva… si no el hecho de que para pagar la fianza había tenido que llamarle a él. Si, a Iván. Me clavaba las uñas solo de pararme a pensarlo, encima había tenido que recurrir a él en busca de ayuda, pero si quería salir de aquel antro lo más pronto posible no tenía a nadie más a quien acudir. Y estaría envuelta en una espiral de mala suerte, pero al menos era sensata. O eso creía yo.
-Nena no te fustigues… pronto saldrás de aquí cielo – se rió la mujer de mi izquierda.
Yo me abracé las rodillas, todo aquello me daba miedo.
-Tan pronto como quiten la denuncia o paguen la fianza, claro – se burló el guarda.
Comencé a escuchar sus cuchicheos, burlas y mofas mientras perdía la mirada en un punto de la pared de enfrente. Desde luego que la situación que estaba viviendo era como poco surrealista y yo sentía que no podía más. Solo quería llegar a Madrid y retomar mi vida, ¿Tan difícil era?
-Oh no llores cielo, tampoco es para tanto… yo vengo aquí un día si y otro también – comentó la mujer.
Me lleve una mano despacio a la mejilla y me di cuenta de que lloraba, lloraba como una niña pequeña a la que no quieren comprar un helado o a la que le quitan un caramelo. Lloraba como una magdalena sin consuelo ni reparos. Lloraba porque había llegado al punto en el que estaba desbordada, sin ayuda, sola y con mala suerte.
-¡No me digas que no llore! – le espeté, girándome para mirarla con los ojos abiertos de par en par – me quedé tirada en una carretera, casi me deshidrato por el puto calor del verano e intentando buscar ayuda, ¿A quién me encuentro? A mi exnovio, del que estuve enamorada hasta más no poder y aun no comprendo porque cortamos… aunque claro, quizá fue porque nunca me dijo un simple “Te quiero” – grité - ¿Tanto cuesta? ¿Eh? Encima… el muy capullo ha estado jodiéndome todo el trayecto, he tenido que compartir con él una mierda de habitación en un motel de mala muerte y al darme cuenta ambos estábamos apunto de acostarnos…. Pero claro, ¿Cómo me iba a salir a mi algo bien? En ese momento se jodio todo, llamo su novia… ¡Sí!, ¡Su novia! Estaba tan enfadada que le robé el coche y me largué porque no quería tener que volver a verle en la vida y… ¿Qué me paso después? Pues que la policía me encontró a mitad de camino y tengo que pasar lo que queda de noche en este antro con una puta y un tío que no hace más que mirarme las tetas… - me giré hacia el guarda - ¡Sí!, ¡No llevo sujetador! ¿¡Que pasa!?
En ese momento, me permití respirar. Había soltado todo lo que llevaba dentro y aun estando en esa situación me había quedado más que tranquila. La puta y el guarda enmudecieron y yo comente a reírme, ¿Seria un síntoma de locura?
-No es por nada cariño pero tienes muy mala suerte… - dijo la mujer, haciendo un gesto.
Yo seguí riéndome, quizá en un inútil intento de mitigar el llanto mientras asentía.
-Lo peor es que él me tendrá que sacar de aquí.
-Menudo capullo – comentó la mujer – aunque aun le quieres, ¿Eh?
Le miré casi ofendida, pues claro que no, ¡Claro que no le quería!
-¡No digas tonterías! – la espeté, cruzándome de brazos.
Ella iba a contestarme justo cuando uno de los guardas se acercó hacia la puerta de metal que nos encerraba.
-¿Julia Medina? Han pagado la fianza, puedes salir… los cargos han sido retirados.
Me levanté del banco lo más deprisa que pude, llegando hacia la puerta con ansias de libertad. Apenas había pasado allí unas horas pero tenía hambre, sed, sueño y lo ultimo que necesitaba era escuchar consejos de esa mujer.
-¡Soy yo! – dije con lágrimas de felicidad en los ojos.
El guarda me abrió la puerta y, al cabo de unos minutos, me dejaron salir a la calle tras devolverme mis enseres personales. Estaba más que aliviada pero aun persistía en mi el enorme enfado que tenia con Iván, ¿De que coño iba? Estaba más que cansada de todo aquello y me iba a escuchar, vaya que lo iba a hacer. Salí de aquel edificio abriendo la puerta con tanta fuerza que hasta yo misma me sorprendí, y al salir a la calle me di cuenta de que ya estaba amaneciendo, ¿Qué hora seria? Tenia un dolor de cabeza enorme… entrecerré los ojos y me obligue a mantenerme entera y firme, al menos para cruzarle la cara a Iván en cuanto le viera. Por suerte, menuda ironía, le vi apoyado en su coche, fumándose un cigarro mientras me esperaba en la acera. Me acerqué a él a pasos firmes y enfadados mientras intentaba reprimir los gritos que luchaban por salir de mi garganta. En cuanto llegue él, tiró la colilla y me miró con media sonrisa, yo se la devolví con sarcasmo y en cuanto le tuve delante marque mi mano con ganas en su cara. Le di tal tortazo que hasta mi mano parecía dolida.
-Eres… eres… - dije con rabia mientras le señalaba, no podía ni encontrar el adjetivo adecuado.
-Joder, como pegas Julia – dijo él llevándose una mano a la mejilla.
-¡Eres un capullo! – le espeté, reteniendo las lagrimas de impotencia.
-Eh eh… que te he sacado de ahí, no te pases.
Respiré hondo varias veces intentando controlarme mientras le miraba a los ojos furiosa. No podía ni creer que todo esto me estaría pasando a mí.
-Eh no llores… - dijo él cauteloso al mirarme.
¿Llorar? ¡No por favor!, ¡Delante de él no!
Sacudí la cabeza y desvié la mirada, estaba demasiado desbordada y encima tenía que pasar por ese momento tan vergonzoso. Él pareció algo preocupado, quizá es lo que quise pensar, y alzó la mano a mi rostro mientras apartaba una lágrima. Yo me estremecí.
-¡Déjame Iván!
Me aparté de él intentando no mirarle, si es que no podía salirme nada peor. No sabía exactamente porque me había echado a llorar sin consuelo. Quizá era por el mal rato en el calabozo, por el tiempo perdido en mi viaje, por el calentón… o quizá porque le había escuchado decirle “te quiero” a una chica con la que seguro llevaba poco tiempo. No podía evitarlo, pero me sentía miserable e impotente ante la situación.
-Julia… joder, no te pongas así.
-¿Qué no me ponga así? – le espeté – ¿Pero tu eres imbécil o que?, ¿eh? ¡Dime!
-Bueno, al menos te he sacado de aquí – se defendió él – si es que tienes ideas de bombero Julia, joder, ¿Te parece normal coger un coche que no es tuyo?
Le fulminé con la mirada, apretando los puños de la rabia.
-¿Te parece a ti normal acostarte conmigo cuando tienes novia? – le dije despacio - y encima… después tienes la poca vergüenza de decirla “si... yo también te echo de menos” – me burlé, imitándole.
Iván permaneció en silencio unos momentos mientras me miraba curioso o consternado, ¿Qué coño miraba?, ¿Tenía algo en la cara o qué? Me estaba sulfurando cada vez más y mi paciencia hacia mucho que había superado el límite. Ambos lo sabíamos.
-¿Esto es por el mal rato… o porque dije “Te quiero”? – y alzó una ceja.
Enmudecí.
¡Será capullo! El muy cabrón encima me sacaba un tema que sin duda era delicado, su incapacidad para el compromiso siempre me había molestado hasta el punto de dudar de él y terminar la relación, y si… si me había jodido y mucho escucharle decirle eso a otra persona. Me demostraba que no me había equivocado en su momento, que yo para él nunca llegue a ser tanto.
-Nunca tendrías esa suerte – le dije despacio.
Él se rió, no me creía.
Después de dirigirle una dura mirada, Iván se acercó a mí ante la sorpresa que me embargaba… ¿Qué clase de juego era aquel? Porque no me estaba gustando. No me gustaba en absoluto, intenté decirme inútilmente.
Bequi no nos puedes dejar así....tienes que continuarlo estoy enganchadísima!!! je je por cierto estas dos partes son tan buenas como las anteriores xD ---
Ola soi nueva me acabo de inscribir, y acabo de leer este relato y porfavor podrias continuarlo es que me as dejado ,y quisiera seguir leyendolo porfavor [/b] ---
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